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25 de Abril de 2011 - 00:04

Día Internacional en Memoria de los Trabajadores Fallecidos y Heridos

28 de abril de 2011: Día Internacional en Memoria de los Trabajadores Fallecidos y Heridos

Los trabajadores del sector público ante el reto de las emergencias y los desastres

Las emergencias y los desastres son hechos de la vida. Es posible que el cambio climático aumente la frecuencia y la magnitud de los diversos desastres naturales.

Desde 2000, está en vigor la Estrategia Internacional para la Reducción de los Desastres, que alienta la creación de plataformas regionales y nacionales para reducir el riesgo de desastres, y comprende mecanismos en los que intervienen varias partes interesadas. No está tan clara la capacidad de los países y las comunidades para prepararse, prevenir o reducir los perjuicios de estos eventos.

La Internacional de Servicios Públicos, federación sindical de ámbito mundial que representa a 20 millones de miembros, insiste en que se debe consultar y hacer participar a los trabajadores de los servicios públicos en la planificación, la toma de decisiones y la ejecución, en todos los escenarios de una catástrofe. En momentos de crisis, los primeros en responder son los trabajadores de los servicios públicos, personas capacitadas para hacerlo. El personal de los servicios de emergencia sanitaria, de la atención de salud, de abastecimiento de agua, saneamiento y energía, arriesgan su salud y su vida sirviendo a la comunidad en la primera línea.

A los gobiernos compete proteger a la ciudadanía. Invertir en una normativa fuerte en materia de seguridad pública, en trabajadores de servicios públicos bien formados y debidamente equipados y en servicios públicos de calidad, es clave para la eficacia en términos de preparación para desastres; la reducción de riesgos; las actividades de respuesta y recuperación. La aplicación de una normativa adecuada en cuanto a la edificación ahorra lesiones y muertes innecesarias cuando ocurre un desastre. Una planificación urbana bien fundada puede reducir los riesgos que entrañan las crisis relacionadas con el clima. Por último, una fuerza de trabajo del sector público bien formada y unos servicios de emergencia y de salud eficaces pueden ayudar con rapidez y eficiencia a la población durante una crisis y después de ella.

Es ilustrativa la comparación de las consecuencias de los terremotos de 2009 en Haití y en Chile, dos países en desarrollo de la región de Interamérica. En Chile, en gran medida gracias a la política pública, la combinación de una sólida normativa en materia de construcción, con inversiones en infraestructura pública y respuestas de emergencia, la pérdida de vidas y los daños en edificios fueron notoriamente inferiores a los de Haití. Pese a que el terremoto de Chile había sido más fuerte, en Haití, donde la reglamentación de la construcción y los servicios de emergencia eran deficientes, 320.000 personas perdieron la vida, y la infraestructura del país quedó devastada.

Más recientemente, los terremotos de 2011 en Nueva Zelandia y Japón (y el consiguiente tsunami de Japón) demostraron que incluso países con elevados recursos y una buena preparación pueden sufrir daños, y dependen mucho de la calidad de la infraestructura de sus servicios públicos para limitar los múltiples perjuicios que puede entrañar una catástrofe.